miércoles, 21 de junio de 2017

Notas Musicales


Las notas musicales


En música, una nota es un sonido determinado por una vibración cuya frecuencia fundamental es constante. Así pues, por ejemplo, el término «nota musical» se emplea para hacer alusión a un sonido con una determinada frecuencia en si; mientras que para aludir al signo que se utiliza en la notación musical para representar la altura y la duración relativa de un sonido, se suele emplear la acepción «figura musical».

Tras varias reformas y modificaciones, las notas pasaron a ser las que se conocen actualmente:

Escala de do mayor. Acerca de este sonido Reproducir (?·i)
  • do
  • re
  • mi
  • fa
  • sol
  • la
  • si.

El ejemplo anterior muestra una escala de do mayor. Actualmente la escala musical diatónica (sin alteraciones ni cambios en la tonalidad) está compuesta por siete sonidos. En el caso de la mencionada escala mayor de do, las notas son las siguientes:
do, re, mi, fa, sol, la, si (según el sistema latino de notación).

C, D, E, F, G, A, B (según el sistema inglés de notación musical, también llamado denominación literal).

C, D, E, F, G, A, H (según el sistema alemán de notación musical. La B equivale al si bemol).

La convención de nomenclatura de nota específica un monosílabo o bien una letra, cualquier alteraciones y un número de octava. Cualquier nota está a una distancia de un número entero de semitonos del la central. (la4) Esta distancia se denota n. Si la nota está por encima de la4, entonces n es positivo, y si está por debajo de la4, entonces n es negativo. En el temperamento igual la frecuencia de la nota (la) es:

f = 2 n /  12   × 440  Hz     {\displaystyle f=2^{n/12}\times 440\,{\text{Hz}}\,}  {\displaystyle f=2^{n/12}\times 440\,{\text{Hz}}\,}

Por ejemplo, se puede encontrar la frecuencia de do5, el primer do por encima de la4. Hay tres semitonos entre la4 y do5 (la4 → la♯4 → si4 → do5), y la nota está por encima de la4, por lo que n = 3. La frecuencia de la nota será:

f = 2 3 /  12   × 440  Hz  ≈ 523.2  Hz    {\displaystyle f=2^{3/12}\times 440\,{\text{Hz}}\approx 523.2\,{\text{Hz}}}  {\displaystyle f=2^{3/12}\times 440\,{\text{Hz}}\approx 523.2\,{\text{Hz}}}

Para encontrar la frecuencia de una nota que está por debajo de la4, el valor de n es negativo. Por ejemplo, el fa por debajo de la4 es fa4. Hay cuatro semitonos (la4 → la♭4 → sol4 → sol♭4 → fa4), y la nota está por debajo de la4, por lo que n = -4. La frecuencia de la nota será:

f = 2 − 4 /  12   × 440  Hz  ≈ 349.2  Hz    {\displaystyle f=2^{-4/12}\times 440\,{\text{Hz}}\approx 349.2\,{\text{Hz}}}  {\displaystyle f=2^{-4/12}\times 440\,{\text{Hz}}\approx 349.2\,{\text{Hz}}}

Finalmente puede observarse a partir de esta fórmula que las octavas automáticamente producen potencias de dos veces la frecuencia original, ya que n es un múltiplo de 12 (12 k, donde k es el número de octavas hacia arriba o hacia abajo), y por lo que la fórmula se reduce a:

f = 2 12 k /  12   × 440  Hz  = 2 k   × 440  Hz    {\displaystyle f=2^{12k/12}\times 440\,{\text{Hz}}=2^{k}\times 440\,{\text{Hz}}}  {\displaystyle f=2^{12k/12}\times 440\,{\text{Hz}}=2^{k}\times 440\,{\text{Hz}}}, produciendo un factor de 2. De hecho, este es el medio por el que se obtiene esta fórmula, combinado con la noción de intervalos igualmente espaciados. La distancia de un semitono en el temperamento igual se divide en 100 cents. Así 1200 cents equivalen a una octava, una relación de frecuencias de 2:1. Esto implica que un cent es precisamente igual a la raíz 1200.ª de 2, que es aproximadamente 1,000578. Para el uso con el estándar MIDI (Musical Instrument Digital Interface), una asignación de frecuencias se define como:

p = 69 + 12 × log 2   ⁡ f 440  Hz       {\displaystyle p=69+12\times \log _{2}{f \over 440\,{\text{Hz}}}}  {\displaystyle p=69+12\times \log _{2}{f \over 440\,{\text{Hz}}}}
Donde p es el número de nota MIDI. Y en sentido contrario, para obtener la frecuencia a partir de una nota MIDI p, la fórmula se define como:

f = 2 ( p − 69 ) /  12   × 440  Hz    {\displaystyle f=2^{(p-69)/12}\times 440\,{\text{Hz}}}  {\displaystyle f=2^{(p-69)/12}\times 440\,{\text{Hz}}}

Para las notas en temperamento igual del la440, esta fórmula proporciona el número de nota MIDI estándar (p). Cualquier otra frecuencia llena el espacio entre los números enteros de manera uniforme. Esto permite que los instrumentos MIDI sean afinados con gran precisión en cualquier escala microtonal, incluidas las afinaciones tradicionales no-occidentales.

Además de los sonidos representados por estos siete monosílabos o notas, existen otros cinco sonidos que se obtienen subiendo o bajando uno o más semitonos. Para subir o bajar los sonidos se usan alteraciones como el bemol, el sostenido, el doble bemol, el doble sostenido y el becuadro. El bemol (♭) baja un semitono la nota a la que acompaña, mientras que el sostenido (♯) la sube un semitono. Para nominarlos, se usan las siete notas acompañadas o no, según corresponda, del nombre de la alteración. De esta forma, cada uno de los doce sonidos posee tres nomenclaturas, a excepción uno. Así, do, redoble bemol y si♯ son el mismo sonido.  A este fenómeno se le denomina enarmonía.

 En el actual sistema de afinación (el temperamento igual), no hay diferencia entre las notas enarmónicas: por ejemplo, do sostenido suena exactamente igual que re bemol. En los variados sistemas de afinación antiguos entre ambas notas había una diferencia audible que se denomina la coma.

Notación Musical

La notación musical es un sistema de escritura utilizado para representar gráficamente una pieza musical, permitiendo a un intérprete que la ejecute de la manera deseada por el compositor. El sistema de notación más utilizado actualmente es el sistema gráfico occidental que representa sobre un pentagrama una serie de signos. El elemento básico de cualquier sistema de notación musical es la nota, que representa un único sonido y sus características básicas: duración y frecuencia. Los sistemas de notación también permiten representar otras características diversas, tales como variaciones de intensidad, expresión o técnicas de ejecución instrumental. No obstante, existen muchos otros sistemas de notación y muchos de ellos también se usan en la música moderna.

La notación musical aparece sobre un conjunto de cinco líneas llamado pentagrama, que consta de cinco líneas horizontales, equidistantes y paralelas, además de cuatro espacios entre estas líneas. Las líneas se enumeran de abajo hacia arriba como línea 1, 2, 3, 4 y 5, y los espacios por igual, desde el 1.º hasta el 4.º. Sobre las líneas y los espacios se van anotando las correspondientes notas musicales; cada línea y espacio identifica una entonación diferente; desde la nota más grave abajo, hasta la más aguda arriba. En el conjunto vertical, además, se pueden representar los acordes, las notas que sonarán simultáneamente.

De manera horizontal el pentagrama representa tiempo y melodía (que no es otra cosa más que una sucesión de sonidos en el tiempo). Se divide, además, en compases, los cuales a su vez se dividen en tiempos.

El primer símbolo que se representa sobre el pentagrama es la clave, la cual indicará qué nota viene representada por cada línea y cada espacio del pentagrama. Por ejemplo, la clave de Sol en segunda indica que la nota que se escribe en la segunda línea del pentagrama es un Sol, y a partir de esta se pueden determinar qué notas representan las demás líneas y espacios (La en el segundo espacio, Si en la tercera línea...). A la derecha de la clave encontraremos la armadura, la cual nos muestra las alteraciones hechas a ciertas notas para agregarles o disminuirles medio tono y así armar la escala musical sobre la que está la pieza, o sea, la tonalidad de esta.

El conjunto formado por el pentagrama y los demás símbolos musicales, representando una pieza musical se llama partitura. La duración, altura, expresión, etc., son algunos de los elementos que se representan en una partitura. Tiempo y compás: regulan las unidades de tiempo que debe de haber en cada compás. Los compases están delimitados en la partitura por líneas verticales y determinan la estructura rítmica de la música. El compás escogido está directamente asociado al género musical. Un vals por ejemplo tiene el ritmo 3/4 y un rock generalmente usa el compás 4/4.

En una fracción de compás, el denominador indica en cuántas partes se tiene que dividir una redonda para obtener una unidad de tiempo (en la notación actual la redonda es la mayor duración posible y por eso todas las duraciones están tomadas en referencia a ella). El numerador define cuántas unidades de tiempo tiene el compás. En el ejemplo de abajo aparece un compás de «cuatro por cuatro», o sea, la unidad de tiempo tiene una duración de 1/4 de redonda y el compás tiene 4 unidades de tiempo. En este caso, una redonda ocuparía todo el compás. Valores o figuras musicales son símbolos que representan el tiempo de duración de las notas musicales. Son también llamados valores positivos. Los símbolos de las figuras se usan para representar la duración para ser ejecutado. Las notas se muestran en la figura de abajo, por orden decreciente de duración. son: redonda, blanca, negra, corchea, semicorchea, fusa y semifusa.

Antiguamente existía también la cuadrada, como el doble de la duración de la redonda, la larga, como el doble de la duración de la cuadrada y la máxima, como el doble de la duración de la larga, pero esas notas ya no se usan en la notación actual. Cada nota tiene la mitad de la duración de la anterior. Si pretendiéramos representar una nota de un tiempo y medio (por ejemplo, el tiempo de una negra sumado con el de una corchea) se usa un punto, llamado puntillo, que sigue a la nota.

La duración real (medida en segundos) de una nota depende del tempo utilizado (por ejemplo, «negra 60» que equivale a 60 negras por minuto). Esto significa que la misma nota puede ser ejecutada con una duración diferente en diferentes piezas o incluso dentro de la misma canción, si hay un cambio de andamento (allegro o lento, por ejemplo).

Nota con Puntillo

Es una nota musical que está seguida de un punto a su derecha. Este punto añade la mitad del valor de la nota que la precede.

Doble puntillo: Consiste en dos puntillos, uno detrás del otro. El primero aumenta la duración de la nota en la mitad de su valor; el segundo aumenta la duración de la nota en la mitad del valor del primer puntillo. Una corchea con doble puntillo tiene una duración de una corchea más una semicorchea (por el primer puntillo) más una fusa (por el segundo puntillo).

Pausas: Representan el silencio, esto es, el tiempo en que la voz no produce sonido alguno, siendo llamados valores negativos. Las pausas se subdividen al igual que las notas en términos de duración. Cada pausa dura el mismo tiempo relativo que su nota correspondiente, o sea, la pausa más larga corresponde exactamente a la duración de una redonda. 

Clave: clave de sol, clave de fa, clave de do. Transponen toda la representación musical a una que se adecúe mejor al instrumento que se irá a reproducir. Por ejemplo, las voces graves usan generalmente la clave de fa, en tanto que las más agudas usan la clave de sol. Se suele decir que la clave de fa comienza donde acaba la clave de sol. De modo general, es la clave la que define qué nota ocupará cada línea o espacio en el pentagrama.Las alteraciones, dislocaciones o accidentes de tono son: el sostenido, el bemol, el doble sostenido y el doble bemol. Se representan siempre antes del símbolo de la nota cuya altura será modificada y después del nombre de las notas, cifras y tonalidades.

 Un sostenido disloca la nota medio tono arriba (en la escala), un doble sostenido disloca el sonido un tono arriba, un bemol disloca la nota medio tono abajo y el doble bemol disloca el sonido un tono abajo. Por ejemplo, se puede decir que un fa sostenido (fa#) es la misma nota que un sol bemol (sol♭) en el piano, pero en realidad estos se diferencian por comas existentes entre ellos.Una vez que un sostenido o bemol haya sido aplicado a una nota, todas las notas de la misma altura mantendrán la alteración hasta el fin del compás. En el compás siguiente, todos los accidentes pierden su efecto, por lo que en caso de necesitarlos habrá que colocarlos nuevamente. Si deseamos anular el efecto de un accidente aplicado inmediatamente antes de una clave de tonalidad, debemos usar un becuadro, que devuelve a la nota su tono natural.

 En el ejemplo visto arriba podemos notar que la tercera nota del primer compás también es sostenida, pues el accidente aplicado a la nota anterior permanece válido y solo es anulado por el becuadro que hace que la cuarta nota sea nuevamente un la natural. El segundo compás es similar, con la diferencia de que el accidente aplicado es un bemol. En el tercer compás, un sol, un la doble bemol y un fa doble sostenido. Aunque tengan nombre diferente y ocupen distintas posiciones en la clave, los accidentes aplicados hacen que las tres notas sean exactamente iguales.
No es más que la asociación de sostenidos o bemoles representados junto a la clave, indicando la escala en que la música será expresada. Por ejemplo, una representación sin sostenidos o bemoles, será la escala de do mayor. Al contrario de los accidentes aplicados a lo largo de la partitura, los sostenidos o bemoles aplicados en la clave duran por toda a pieza o hasta que una nueva clave sea definida (modulación). En la figura vemos la clave de tonalidad de una escala de la mayor. En esta escala todas las notas fa, do y sol deben ser sostenidas, por eso los accidentes son aplicados junto a la clave.

Indices

Hablamos entonces del semitono como la unidad de menor medida que diferencia un tono de otro según lo percibe el oído humano y de acuerdo con lo estructurado por la escuela europea, aceptada convencionalmente de manera universal en lo que a notación musical se refiere. Sin embargo la física demuestra que las diferencias vibratorias son prácticamente infinitas y relativas, no como pensaban en la antigüedad que un tono estaba constituido por nueve comas. Para estandarizar esta relación de los sonidos entre sí se convino en dar como punto de partida la nota la, denominada 440 en función de los hercios (la cantidad de vibraciones generadas por segundo). 

Al hablar de posición nos referimos a la que ocupa la figura o nota musical en una línea o espacio determinado del pentagrama o fuera de él, para lo cual en este caso se utilizan las líneas auxiliares.

La sucesión de sonidos de la escala de do mayor corresponde a las teclas blancas del piano. Esta se repite hasta ocho veces en un piano, aunque dentro de nuestro sistema musical hacemos uso de sucesiones de esta clase, cada una llamada octava. De esta manera, si le solicitamos a un pianista que toque, por ejemplo, un do, no podrá saber a cuál do, de todos los que se encuentran en el teclado, nos referimos. Por eso existen formas de identificar sonidos de diferente entonación con el mismo nombre. Para identificar estos sonidos se hace uso de los índices, que son números que se colocan inmediatamente después de la nota..

Los dos sistemas más conocidos de índice acústico son:
El sistema de notación internacional ―que se utiliza en casi todos los países de América, Asia y Europa (excepto Alemania, Bélgica y Francia)― asigna el 0 a la nota más grave del órgano, el do0 (de 16,35 Hz). De esta manera, el do central del piano (261,63 Hz) sería un do4, y el la de esa misma octava (el famoso «la 440») se llamaría la4.

El sistema de notación franco-belga ―que se utiliza en Bélgica, Francia y algunas regiones de España― toma como referencia el do de la segunda línea adicional inferior en clave de fa, dándole el nombre de do1 (se lee "do uno" o "do primera"). El problema es que para notas más graves se deben utilizar números negativos; por ejemplo, la nota más grave del órgano se llama «do menos uno» en este sistema. Ciertos símbolos y textos indican al intérprete la manera de ejecutar la partitura, incluyendo las variaciones de volumen (dinámica) y tiempo (cinética), así como la manera correcta de articular las notas y separarlas en frases (articulación y acentuación).

En forma de señales de mayor (>) y menor (<), sirven para sugerir el aumento o la disminución de volumen, respectivamente. Estas deben comenzar donde se deberá iniciar la alteración y estirarse hasta la zona donde la alteración se deberá interrumpir. El volumen debe permanecer en el nuevo nivel hasta que una nueva indicación sea dada. La variación también puede ser brusca, con que solo una nueva indicación (p, ff, etc.) sea dada.La cinética musical (del griego kine: ‘movimento’) o agógica define la velocidad de ejecución de una composición. 

Esta velocidad es llamada andamento e indica la duración de la unidad de tiempo. El andamento está indicado en el inicio de la obra o de un movimiento y está indicada por expresiones de velocidad en italiano, como allegro (rápido) o adagio (lento). Junto al andamento, puede ser indicada la expresión con que la pieza debe ser interpretada, como: con afecto, intensamente, melancólico, etc.

Andamentos

Los andamentos más frecuentes son los siguientes:

  • Grave: es el andamento más lento de todos
  • Largo: muy lento, pero no tanto como el grave
  • Larghetto: un poco menos lento que el largo
  • Adagio: moderadamente lento
  • Andante: moderado, ni rápido ni lento
  • Andantino: semejante al andante, pero un poco más acelerado
  • Allegretto: moderadamente rápido
  • Allegro: andamento veloz y ligero
  • Vivace: un poco más acelerado que el allegro
  • Presto: andamento muy rápido
  • Prestíssimo: es el andamento más rápido de todos.

Algunos ejemplos de combinaciones de andamento con expresiones:

  • Allegro moderato: moderadamente rápido.
  • Presto con fuoco: extremadamente rápido y con expresión intensa.
  • Andante cantábile: velocidad moderada y entonando las notas como en una canción.
  • Adagio melancólico: lento y melancólica

La tablatura de guitarra es una notación que representa cómo colocar los dedos en un instrumento (en los trastes de una guitarra, por ejemplo) en vez de las notas, permitiendo a los músicos tocar el instrumento sin formación especializada. Esta notación se hizo común por internet, ya que se puede escribir fácilmente en formato ASCII. La tablatura de piano es un nuevo tipo de notación.Las tablaturas están compuestas por tantas líneas como cuerdas tiene el instrumento (en el ejemplo mostrado es una tablatura de guitarra, luego está compuesta por 6 cuerdas). 

Cada línea representa por tanto, una cuerda del instrumento, y generalmente se especifica su afinación en la parte izquierda, utilizando la nomenclatura americana de las notas, aunque si se trata de la afinación estándar del instrumento puede omitirse. En las líneas de la tablatura aparecen unos números que indican el traste que se ha de "pisar" al tocar la cuerda (un 0 indica que se ha de tocar la cuerda al aire). 

Cifras

La cifra es un sistema de notación musical usado para indicar a través de símbolos gráficos o letras los acordes para ser ejecutados por un instrumento musical (como por ejemplo una guitarra). En la música académica o "clásica" se usó el sistema de notación tradicional empleado desde el barroco a partir de cifras. Por ejemplo, el 5 indica el acorde en estado fundamental (con la primera nota del acorde en el bajo), el 6 la primera inversión, el 7 para el acorde de séptima... y otros cifrados más complejos que expresan exactamente cada tipo de acorde y el lugar de las notas que debía establecerse.

Las letras se utilizan principalmente en la música popular y en la armonía moderna, encima de las letras o partituras de una composición musical, indicando el acorde que debe tocarse en conjunto con la melodía principal o para acompañar al canto.

Las figuras principales se explican:

  • A: nota la o acorde de la mayor
  • B: nota si o acorde de si mayor
  • C: nota do o acorde de do mayor
  • D: nota re o acorde de re mayor
  • E: nota mi o acorde de mi mayor
  • F: nota fa o acorde de fa mayor
  • G: nota sol o acorde de sol mayor


Los acordes menores se escriben encima de las letras, acompañados de las letras "m", "mi" o "min" minúscula. Ej: Cm, Cmi o Cmin (acorde de do menor). También es posible poner explícitamente la calidad del acorde mayor juntando a la derecha de la cifra la letra "M" (mayúscula) o la abreviación "May", así: CM o CMay (do mayor). Además, se pueden escribir los símbolos # (representa un tono sostenido), 6 y 7 (representan un tono sexto o séptimo) y el símbolo ° (para un tono disminuido). Dichos símbolos pueden ser usados en combinación para representar tonos compuestos, por ejemplo F#m7 representa fa sostenido menor con séptima.

Vídeo tutorial de cuales son las notas musicales











La Sinfonía Musical


La Sinfonía










Una sinfonía es un tipo de composición musical para la orquesta (aunque actualmente es común encontrar sinfonías para pocos instrumentos), dividida en cuatro movimientos, cada uno con un momento y estructura diferente. Son famosas las sinfonías de Haydn, Mozart y Beethoven en el período clásico. La forma de la sinfonía ha variado con el tiempo entre el período clásico, el romántico y el siglo XX, por ejemplo, las contemporáneas de Arthur Threisher son de tres movimientos. El tamaño de la orquesta no es necesaria para interpretar una sinfonía, en general, ha crecido con el tiempo: mientras una orquesta de cámara con un par de docenas de instrumentos es suficiente para interpretar una sinfonía de Haydn, una de Gustav Mahler puede requerir varios centenares de intérpretes.

La sinfonía probablemente alcanzó su madurez con Beethoven. Sus sinfonías solían tener un primer movimiento Allegro de forma sonata, un movimiento lento (a veces en forma de tema y variaciones), un movimiento con ritmo ternario (usualmente un scherzo, anteriormente lo común era un minué y trío), para finalizar con otro movimiento rápido (rondó). (Existen sinfonías con un último movimiento escrito como forma sonata). La sinfonía nace en Italia, en 1730, y se convierte en el género más demandado e importante de esta época, aparecía como primera pieza de un concierto público y cumplía un carácter unificador.

En un principio se interpretaban sin que tuviera relación con lo que se interpretara después. Toma aspectos de las oberturas de las óperas francesas e italianas, su estructura sigue el modelo de Koch: allegro, andante y lírico, allegro ritmo de danza, (minueto), con estilo homofónico y sin división entre solista y orquesta como ocurría en el concierto. Esta estructura se da también en conciertos, suite orquestal y algunas sonatas de Corelli. Es a Stamitz a quien se atribuye la aplicación del esquema forma de sonata al primer movimiento. Su forma sigue el modelo de Koch (forma binaria extendida), se divide en 3 o 4 Movs, y su estilo es homofónico. Su principal representante es Sammartini.


Hay una larga lista de compositores que han abordado el género sinfónico. De entre ellos destacan unos cuantos cuyo valor se caracteriza por ofrecer un ciclo sinfónico completo de alta calidad, coherente con su línea vital y en el que, aunque puedan destacarse algunas sinfonías, todo el ciclo es de elevada calidad. Los compositores que han frecuentado con más fortuna el género han sido:

Franz Joseph Haydn: frecuentemente considerado como "el padre de la sinfonía", sus 104 sinfonías compuestas entre 1757 y 1795 constituyen la mejor referencia para conocer la evolución de esta forma musical, que tuvo su origen en la obertura italiana de ópera. Su interés no es solo histórico: esta impresionante serie, tomada en su conjunto, representa una cumbre de la producción musical de Occidente. Aunque merezca la pena oír todo el ciclo completo, destacan grupos de sinfonías, como las "Sturm und Drang" o las sinfonías Londres.
Wolfgang Amadeus Mozart: Las sinfonías de Mozart están numeradas hasta 41 (aunque en realidad son más, ya que hubo interpolaciones posteriores a la numeración, por lo que, según cómo se cuenten, llegan a ser unas 50). En el caso de Mozart, las primeras 20 pueden considerarse como obras juveniles y con escasa personalidad propia. Las más interesantes son las 21 últimas, siendo las más importantes: la 25, y las llamadas «6 últimas», es decir, la 35, Haffner (1782), la 36, Linz (1783), la 38, Praga (1786) -la 37 no existe en el catálogo- y la 39, en mi bemol, la 40, en sol menor y la 41, Júpiter, compuestas en 1788. Ludwig van Beethoven: compuso nueve sinfonías. El ciclo completo es una obra maestra en sí, aunque destacan la 3.ª, Heroica, la 5.ª, la 6.ª, Sinfonía Pastoral, la 7.ª, la 8.ª, y la novena, la Sinfonía Coral. Durante algunos años se le atribuyó una llamada "Sinfonía nº 0", descubierta a inicios del siglo XX y de la que hay registros en disco de pasta, hasta que se le quitó la atribución beethoveniana, hacia los años '60.

Franz Schubert: 9 sinfonías siendo las más célebres la n.º 8, denominada "Inconclusa" (o "inacabada") por faltarle el tercero y cuarto movimientos, y la n.º 9, denominada "La grande".

Johannes Brahms: 4 sinfonías. Brahms fue continuador de la obra sinfónica de Beethoven (de hecho su primera sinfonía recibió el apodo de "10.ª de Beethoven". Todo el ciclo es de gran calidad, destacando la 1.ª y la 4.ª.

Hector Berlioz: 4 sinfonías. El compositor francés es un caso especial del sinfonismo. Sus sinfonías, majestuosas y revolucionarias, allanaron el terreno para la aparición de nuevos géneros más propios del período romántico, influyendo en compositores como Mahler o Richard Strauss. La Sinfonía fantástica, la concertante Harold en Italia o la coral Romeo y Julieta son los más claros ejemplos.

Antonín Dvořák: 9 sinfonías. Frecuentemente eclipsadas por la 9.ª (del Nuevo Mundo), el ciclo sinfónico de Dvořák es una sorpresa de alta calidad y elevada inspiración melódica. Son excepcionales la 6.ª, 7.ª y 8.ª.

Pyotr I. Tchaikovski: 6 sinfonías. Son especialmente importantes, y las más conocidas, las tres últimas: 4.ª, 5.ª y 6.ª (Patética).

Gustav Mahler: 9 sinfonías y el Adagio de la inconclusa 'décima'. Mahler supone una ruptura con el estilo sinfónico tradicional. A partir de él se da una gran crisis en la sinfonía, siendo pocos los autores que destacan en este género (aunque años después se volvió al interés por el mismo). Las sinfonías de Mahler hacen uso de recursos muy variados, tanto en la temática, como en la instrumentación y el tratamiento de las obras: voces solistas, coros, inversión del orden de los movimientos, etc.

Anton Bruckner: 9 sinfonías (más dos sinfonías de juventud: la 0 y la 00). La obra sinfónica de Bruckner es de concepción grandiosa. En ella abundan las melodías inspiradas en la naturaleza, y en el misticismo religioso. Requieren grandes orquestas y normalmente superan la hora de duración. Destacan la 4.ª y la 7.ª.

Dimitri Shostakóvitch: 15 sinfonías. La obra de Shostakovich es un verdadero reflejo tanto del espíritu y el genio compositivo de su autor, como de la evolución del siglo XX desde la perspectiva de la Rusia soviética. Su evolución va desde las modernas y atrevidas primeras sinfonías, la vuelta al clasicismo y la tonalidad en la 5.ª, el fervor patriótico en la 7.ª y 11.ª o la introspección personal en las dos últimas.

Sergéi Prokófiev: 7 sinfonías. Estas obras son prueba del eclecticismo de su autor, yendo desde obras con ritmos furiosos y atrevidas armonías, hasta otras de corte más clásico. Destacan la 1.ª y la 5.ª.

Jean Sibelius: 7 sinfonías. Profundamente inspiradas en los paisajes finlandeses y en las referencias del folclore nacional, poseen una gran inspiración melódica y un ambiente característico, siempre dentro de la tonalidad. Destacan la 2.ª y la 5.ª.

Ralph Vaughan Williams: 9 sinfonías. El paisaje y el folclore inglés también son un referente de este ciclo sinfónico de altísima calidad. En este caso, aunque la unidad y coherencia es grande, cada sinfonía tiene un lenguaje muy particular, culminación de los distintos momentos compositivos del autor: desde la coral 1.ª, la programática 2.ª (Londres), la pastoral 3.ª, las disonantes 4.ª y 6.ª, la mística 5.ª, la fílmica 6.ª y las experimentales 8.ª y 9.ª.

Un vocablo griego se transformó en el latín symphonĭa. El concepto llegó a nuestra lengua como sinfonía: un conjunto de instrumentos musicales y/o voces que suenan simultáneamente y de manera acorde.Por extensión a este significado, se llama sinfonía a una composición creada para ser interpretada por una orquesta. Lo habitual es que una sinfonía se divida en cuatro movimientos que se diferencian entre sí por la estructura y el tiempo. Existen, sin embargo, sinfonías con otra cantidad de movimientos. Las sinfonías, por otra parte, pueden ser interpretadas por distintos tipos de orquestas. Hay algunas que son interpretadas por más de un centenar de músicos, mientras que otras pueden ser ejecutadas por apenas una decena. La cantidad de músicos necesarios para ejecutar una sinfonía ha ido cambiando a lo largo de la historia; más precisamente, ha aumentado, y esto se puede apreciar claramente al comparar un concierto dedicado a la obra de Haydn y otro, a la de Gustav Mahler, por ejemplo, ya que para el primero basta una pequeña orquesta de cámara, mientras que para el segundo puede ser necesaria una cuyos músicos se cuenten en centenares.

Como es de esperarse, esto repercute notablemente en el carácter de las obras y en las sensaciones que la música transmite a los oyentes. Si bien un solo músico es suficiente para expresar desde la paz hasta la ira, un movimiento inspirado en una guerra resulta más impactante cuanto mayor sea el número de intérpretes.

A lo largo de la historia, muchos compositores alcanzaron la popularidad gracias a la calidad de sus sinfonías. Uno de ellos fue Wolfgang Amadeus Mozart, quien numeró 41 sinfonías pese a que compuso varias más.

También pasó a la historia Ludwig van Beethoven, autor de nueve sinfonías. El movimiento final de la “Novena Sinfonía”, que incluye fragmentos de la “Oda a la alegría” de Friedrich von Schiller, es una de las composiciones sinfónicas más famosas.

Johannes Brahms, Franz Shubert, Gustav Mahler y Pyotr Tchaikovski son otros compositores que alcanzaron un gran reconocimiento por sus sinfonías, las cuales incluso en la actualidad suelen ser interpretadas por orquestas de todo el mundo en diferentes conciertos.

El concepto de sinfonía coral, por su parte, es una composición que tiene como intérpretes un coro de cantantes, una orquesta y a veces también algún solista. Por lo general, estas piezas tienen una apariencia similar a la de la sinfonía, desde un punto de vista funcional y estructural, y por eso reciben este nombre. La primera persona en acuñar el término de “sinfonía coral” fue el celebrado compositor francés Hector Berlioz, una de las figuras más destacadas del romanticismo musical, quien se valió de él para la descripción de “Roméo et Juliette“, para muchos considerada su obra cumbre. La Novena Sinfonía de Beethoven, mencionada más arriba, puede ser considerada la antecesora directa de este tipo de sinfonía, ya que se trata de la primera obra conocida que da la misma importancia a la voz humana que al resto de los instrumentos, en el contexto de una sinfonía, y esto se aprecia en la escritura de las melodías, pero también en la calidad y profundidad del texto escogido.

Cabe destacar que la idea de sinfonía también se utiliza en otros ámbitos más allá de la música, con referencia a la armonía que existe entre colores o, de manera simbólica, al estado de aquello que funciona a la perfección.

Por ejemplo, en el ámbito de la cocina es común oír que un plato delicioso es “una sinfonía de sabores para el paladar”, y esto hace referencia a la amplitud de sensaciones satisfactorias que experimentan quienes lo prueban. Del mismo modo, como se menciona en el párrafo anterior, es posible describir un cuadro o una imagen muy agradable como “una sinfonía de colores”.

Se suele decir que la sinfonía es una “sonata escrita para orquesta”. Es una composición de grandes proporciones que tiende a utilizar prácticamente todas las posibilidades de la orquesta.

Su planteamiento suele ser similar al de la sonata, aunque en vez de los tres movimientos que normalmente tiene ésta, la sinfonía suele tener cuatro: un movimiento inicial más o menos rápido (allegro) seguido de un segundo movimiento más lento (adagio o andante). El tercer movimiento suele ser algo más rápido de nuevo (generalmente un minuetto) y el cuarto movimiento es mucho más rápido (presto o vivo).

El hecho de que la orquesta puede generar multitud de timbres, da lugar a que cada uno de los movimientos resulte más largo, ya que los desarrollos pueden ser más extensos. Esto dio lugar a finales del siglo XIX a composiciones mastodónticas que necesitaban orquestas sinfónicas de grandes proporciones.

Es frecuente añadirle algún apelativo o nombre a la sinfonía, delimitando algún lugar, o algún carácter definido. Un apelativo usado en ciertas ocasiones es el de Sinfonía concertante. Este término define a una sinfonía donde existen ciertos solistas; es decir, es una sinfonía que se comporta casi como un concierto, ya que posee dichos solistas que interpretan sus cadencias facultativas. El término lo utilizó Mozart en su obra Sinfonía concertante para violín y viola en Mi bemol mayor KV364(320d).

Un término ligado a la sinfonía y copia de ella es la Sinfonietta, que como su nombre indica, es una sinfonía de formato menor, con menos pretensiones estructurales y de desarrollo. Dicho término se cree que fue utilizado por primera vez porRimski-Korsakov en su obra Symphoniette sur des thèmes russes op.31. Después de él, otros compositores han utilizado este término, entre ellos Prokofiev, Sibelius, Britten y Janacek.
Una sinfonía es una obra a gran escala para orquesta, que por lo general se divide en cuatro o más secciones separadas llamadas “movimientos”.

Esta es la definición técnica. Pero sin embargo, el sólo hecho de mencionar los nombres de famosas sinfonías (de Beethoven, la Quinta, la Heroica, la Novena; de Mozart la No. 40, la Júpiter; la Sinfonía Inconclusa, de Schubert; la Italiana, de Mendelssohn; la Primera, de Brahms; la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak; la Sinfonía Patética, de Tchaikovsky; Resurrección, de Mahler) es evocar todos los mundos de belleza y grandeza musical. Por más de doscientos años las grandes sinfonías de los grandes compositores han sido las piedras fundamentales del repertorio de conciertos, y las mismísimas piezas que, para muchas personas, simbolizan la música clásica.

Una sinfonía es una obra a gran escala para orquesta, que por lo general se divide en cuatro o más secciones separadas llamadas “movimientos”.

Esta es la definición técnica. Pero sin embargo, el sólo hecho de mencionar los nombres de famosas sinfonías (de Beethoven, la Quinta, la Heroica, la Novena; de Mozart la No. 40, la Júpiter; la Sinfonía Inconclusa, de Schubert; la Italiana, de Mendelssohn; la Primera, de Brahms; la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak; la Sinfonía Patética, de Tchaikovsky; Resurrección, de Mahler) es evocar todos los mundos de belleza y grandeza musical. Por más de doscientos años las grandes sinfonías de los grandes compositores han sido las piedras fundamentales del repertorio de conciertos, y las mismísimas piezas que, para muchas personas, simbolizan la música clásica.

El precursor directo de la moderna sinfonía fue la obertura de la ópera italiana de principios del siglo XVIII. Esta forma, llamada “sinfonía” en italiano, constaba de tres movimientos separados, siempre en el orden rápido-lento-rápido. Hacia mediados del siglo, varios compositores empezaron a escribir sinfonías más elaboradas, ya no destinadas a la sala de teatro, sino para su interpretación en concierto. Estas fueron las primeras “sinfonías”, en el sentido actual del término, y si bien muchas de ellas estaban formadas por los tres movimientos tradicionales, en ocasiones los compositores expandían la forma para incluir cuatro movimientos. 

Los primeros compositores sinfónicos eran en su mayoría hombres cuyos nombres hoy en día no nos son muy familiares: una lista breve incluye a Giovanni Battista Sammartini (1698-1775), de Milán; Georg Matthias Monn (1717-1750), Georg Christoph Wagenseil (1715-1777), y Carl Ditters von Dittersdorf (1739-1799), de Viena; Johann Christian Bach (1735-1782), el hijo menor de J. Sebastian Bach, que se estableció en Londres; y Johann Stamitz (1717-1757), Ignaz Holzbauer (1711-1783) y Franz Xaver Richter (1709-1789), de Mannheim, Alemania, la ciudad que fue hogar de la orquesta más grande de la Europa de aquel momento.

Joseph Haydn (1732-1809), quien escribió 104 sinfonías, a menudo es llamado el padre de la sinfonía. No fue ni el primer compositor de sinfonías ni tampoco el más prolífico (Dittersdorf escribió más), pero sí fue el primero en demostrar en lo que la sinfonía podía transformarse en las manos de un genio. Dicho en términos simples: engrandeció la sinfonía escribiendo grandes sinfonías. Y su logro se vio reforzado por las hermosas y brillantes obras de su amigo y admirador, Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), que escribió cuarenta y una sinfonías. Una nota interesante: naturalmente pensamos en Haydn como un compositor “más antiguo” que Mozart, ya que había nacido mucho antes; pero Haydn escribió sus últimas ocho sinfonías, incluyendo las conocidísimas Militar, Del Reloj, Drumroll, y Londres, después de la muerte de Mozart.

Juntos, Haydn y Mozart establecieron los estándares de la estructura de la sinfonía clásica en cuatro movimientos. Esta estructura incluía un vivaz primer movimiento en forma sonata (a veces precedido por una lenta introducción), un segundo movimiento más lento, más lírico, un movimiento en minuet, y un último movimiento rápido. (Un movimiento en forma sonata consiste en tres secciones principales –exposición, desarrollo y recapitulación- usualmente seguidas por una coda, que lleva el movimiento hacia su final).

Ludwig van Beethoven (1770-1827) mantuvo el modelo en cuatro movimientos para sus sinfonías, y su lenguaje musical, en especial su lenguaje armónico, era sustancialmente el mismo que los de Haydn y Mozart. Pero Beethoven expandió la forma y la expresión sinfónica de innumerables maneras, y en la sinfonía, igual que en otras formas musicales, cimentó el camino desde la era Clásica hacia el Romanticismo. Beethoven escribió sinfonías más extensas, con introducciones lentas expandidas en algunos casos y secciones ampliando en gran medida las secciones de desarrollo y codas, y escribió sinfonías más grandes, más poderosas, intensas, dramáticas, para orquestas más grandes y potentes.

También reemplazó el minuet de la sinfonía clásica, con el scherzo, más rápido, más dinámico, y en el último movimiento de su Novena Sinfonía da el notable paso de aumentar la orquesta con voces solistas y coros. Es innegable la grandeza de Haydn y Mozart, pero como sinfonista Beethoven creó un corpus que no tiene parangón. Hasta nuestros días, sus sinfonías siendo obras monumentales, el estándar contra el que se comparan todas las otras sinfonías. Haydn y Mozart escribieron muchas más sinfonías que Beethoven, en conjunto, pero muchas de sus primeras obras son bastante ligeras, y sólo unas quince de las sinfonías de Haydn y diez de Mozart se interpretan con regularidad. De las nueve sinfonías de Beethoven, todas se tocan frecuentemente, y son obras maravillosas y sustanciales. Por lo menos cuatro (la Tercera, la Quinta, la Séptima y la Novena) son consideradas, por unanimidad, las más grandes obras maestras de la música occidental, y una (la Quinta) es probablemente la pieza más famosa en la historia de la música clásica.

Entre los grandes nombres de la composición sinfónica del siglo XIX, después de Beethoven, están Franz Schubert (1797–1828), Hector Berlioz (1803–1869), Felix Mendelssohn (1809–1847), Robert Schumann (1810–1856), Anton Bruckner (1824–1896), Johannes Brahms (1833–1897), Peter Ilyich Tchaikovsky (1840–1893), y Antonín Dvorák (1841–1904). Gustav Mahler (1860–1911) se ubica justo entre los siglos XIX y XX: compuso la primera de sus diez dantescas sinfonías durante la década de 1880, y la última (inconclusa) en 1910. Los sinfonistas más importantes del siglo XX han sido: el compositor finlandés Jean Sibelius (1865–1957), que escribió siete sinfonías entre 1899 y 1924; y tres rusos: Igor Stravinsky (1882–1971), Sergei Prokofiev (1891–1953), y Dmitri Shostakovich (1906–1975). 

El problema que se presenta al hacer una lista de importantes compositores sinfónicos es que la lista debe ser o demasiado larga o lamentablemente incompleta. Con apenas unas pocas excepciones dispersas (Frédéric Chopin, Gabriel Fauré, Claude Debussy, y Maurice Ravel, el principal), y excluyendo a aquellos que se han especializado en ópera u otras formas de música vocal, prácticamente todos los compositores importantes de los siglos XIX y XX han compuesto por lo menos una sinfonía. ¿Los músicos se cansan de la Quinta Sinfonía de Beethoven? ¿Es aburrido tocar una pieza que es más conocida que cualquier otra? No, no y no. Es emocionante tocar la Quinta Sinfonía de Beethoven. Y esta es una de las razones por las que es una obra maestra: no importa cuántas veces la hayas tocado –o escuchado-, no hay forma de evitar ser arrastrado por las primeras notas y hasta el mismísimo final. Sinfonía concertante. No es una sinfonía. El término es francés, un nombre muy común durante la era Clásica (aprox.1775-1820) para un concierto interpretado por dos o más solistas. 

El equivalente en italiano es “sinfonia concertante”. Los instrumentos solistas de una sinfonía concertante pueden ser cuerdas o vientos, o una combinación de los dos. Posiblemente el ejemplo más famoso de esta forma es la maravillosa Sinfonía Concertante que Mozart escribió para violín y viola.

La mejor musica de sinfonía para relajarse




Programas Musicales


Los Programas Musicales








Programa es un grupo musical español popular en los años 80 por sus apariciones en televisión en programas como Tocata, con hits como Galileo Galilei, Síntesis digital, reunión de amigos, etc., incluyendo una versión de síntesis digital con Fernandisco, así como sintonías de programas de televisión.Programa se formó en 1983 con Carlos Guirao (tras abandonar el grupo Neuronium) y Joseph Loibant. Publicaron los discos Síntesis digital, reunión de amigos y acrópolis. Produjeron en 1987 un nuevo disco llamado Paris Dakar que permaneció inédito hasta su publicación en el año 2010. Para las actuaciones en directo se uniría al grupo el percusionista y escultor José María Ciria. Tras este disco Carlos Guirao abandona el grupo. En 1999 cambiarían el nombre Programa por Program@ y Carlos Guirao sería reemplazado de forma estable por José María Ciria. en esta época publicaron dos discos más, Ashes y Phoenix. El grupo es conocido por ser el primero en haber actuado para televisión con instrumentos musicales y ordenadores.

 Existen documentos videográficos de éstas actuaciones. También es conocido por actuar de teloneros en los conciertos de Stevie Wonder en Madrid (20 de agosto de 1984, Estadio del Rayo Vallecano) y Barcelona (22 de agosto de 1984, Plaza de Toros Monumental).7 Después del año 2003 no han vuelto a realizar producciones bajo el nombre programa, si bien han colaborado en otros proyectos, como por ejemplo el disco Alchemy de Loibant-Guirao, publicado un año antes de la muerte de Carlos Guirao.

Un programa musical es un conjunto de emisiones periódicas transmitidas por televisión o radio, agrupadas bajo un título o cabecera común, en las que a modo de bloque se incluye la mayor parte de los contenidos audiovisuales que se ofrecen en una cadena. En el ámbito profesional, no son considerados programas los bloques de contenidos dedicados a las autopromociones, a la continuidad y a la publicidad convencional. Los programas televisivos sirven para entretener, informar, entre otras finalidades. Un último uso es el que se emplea en la propia jerga mediática. Los profesionales del medio utilizan este vocablo para describir el contenido que no es informativo, deportivo ni de ficción. Según esta acepción, una serie, una película, un partido de fútbol o un noticiario no serían un programa, término que quedaría reservado a las restantes líneas de programación (concursos, magazines, reality shows, late shows, etc.), a las que también se conoce con el nombre genérico de ent variedades. Tal distinción obedece a la forma en que la mayoría de las cadenas organizan sus distintas áreas de producción y otras fuentes de televisión.

Somos como peleles que nos regimos por las modas y por la influencia que ejerce en nosotros el más poderoso de los medios de comunicación, que es la llamada Caja Tonta, cada vez más plana tanto en grosor como en contenidos. Nos bombardean en todos los canales con diversos programas de cocina en los que prima la presentación visual sobre el sabor y la elaboración de un plato. Nos acosan con recetas ridículas que llevan ingredientes insólitos que no conocíamos ni siquiera que pudieran ser comestibles y técnicas para enfriar y congelar dignas de laboratorios de reproducción asistida. Con la Televisión digital se han incrementado el número de canales pero este aumento es inversamente proporcional a la calidad de los mismos. Estamos hartos de subastas, supervivientes, jefes de incógnito, cocineros de aquí y de allá. Y que decir de programas del corazón en el que se debate vehementemente sobre la vida de personajes carentes de interés.

Busco programas relacionados con la música. ¿Y que puedo encontrar?, programas en busca de talentos musicales, padres que cantan con sus hijos, niños que juegan a ser mayores o programas como La Voz, avalados por músicos de éxito como jurado, para dar mayor audiencia al espacio. No digo que este tipo de programa no esten bien, pero como todo en esta vida en exceso, perjudica a la salud de los televidentes y como prima la guerra de las audiencias por encima de la calidad, si en una cadena tenemos La Voz en otra tendremos otro programa similar y así se escribe la historia. Lo cierto es que no existen prácticamente programas de televisión serios sobre música. Habría muchas posibilidades, hablar del pop español con sus grupos míticos, o programas temáticos por géneros por ejemplo: sobre country, jazz o folk, por poner un ejemplo. Pero evidentemente, ¿A quien le interesa esto?, pues a nadie a la gente hay que darla carnaza sin importar su calidad hay que vender por encima de todo.

Unicamente la televisión pública española, que en teoría no debe entrar en la guerra de audiencias y tiene la obligación de divulgar la cultura, ya que es la televisión de todos. Tiene en su programación algún espacio interesante dedicado a la música, como Cachitos de Hierro y Cromo programa documental presentado por Virginia Díaz con diferentes temática cada semana haciendo un repaso por la historia de la música más reciente.

Otra iniciativa muy acertada que ha tenido Televisión Española ha sido la emisión de el programa This is Opera, con el que se pretende acercar la opera a todos los públicos Presentado por el barítono Ramón Gener. Este género nos puede gustar más o menos pero es una buena forma de darlo a conocer de una forma amena y sencilla.

Por lo tanto tan solo la televisión pública nos ofrece algunos programas con interés por divulgar la música y por tanto la cultura. Parece que a las televisiones privadas no les interesa lo más mínimo la música. Hace poco publicábamos una entrada titulada, Vuelven los buenos tiempo para la música española. En ella hablábamos de nuevos lanzamientos de grupos míticos de la música española como Los Secretos, Loquillo o Revolver entre otros muchos. ¿Habéis visto en algún plató de televisión alguna de estas bandas presentando sus trabajos?. La respuesta es que no, pero a cambio vemos todos los santos días del año a Belén Esteban, Kikos variados, herederos de Pantoja entre otros muchos hablando de temas de gran interés.

Pero todos estos programas están ahí porque tienen audiencia. Por lo que el problema no es de las televisiones sino de nosotros mismos que damos audiencia a todos estos personajes y personajillos variopintos. Por contra son muy pocos los programas musicales que tenemos en televisión. Los que tenéis ya cierta edad recordareis que cuando hace ya años que tan sólo existían dos cadenas si había presencia de este tipo de programas en televisión. Y es que hoy en día que contamos con tantos canales… ¿ nos hemos parado a analizar la calidad de los mismos? Está claro que la fórmula a mayor cantidad no quiere decir mayor calidad, sino creo que lo contrario.

Somos como peleles que nos regimos por las modas y por la influencia que ejerce en nosotros el más poderoso de los medios de comunicación, que es la llamada Caja Tonta, cada vez más plana tanto en grosor como en contenidos. Nos bombardean en todos los canales con diversos programas de cocina en los que prima la presentación visual sobre el sabor y la elaboración de un plato. Nos acosan con recetas ridículas que llevan ingredientes insólitos que no conocíamos ni siquiera que pudieran ser comestibles y técnicas para enfriar y congelar dignas de laboratorios de reproducción asistida.

Con la Televisión digital se han incrementado el número de canales pero este aumento es inversamente proporcional a la calidad de los mismos. Estamos hartos de subastas, supervivientes, jefes de incógnito, cocineros de aquí y de allá. Y que decir de programas del corazón en el que se debate vehementemente sobre la vida de personajes carentes de interés.

Busco programas relacionados con la música. ¿Y que puedo encontrar?, programas en busca de talentos musicales, padres que cantan con sus hijos, niños que juegan a ser mayores o programas como La Voz, avalados por músicos de éxito como jurado, para dar mayor audiencia al espacio. No digo que este tipo de programa no esten bien, pero como todo en esta vida en exceso, perjudica a la salud de los televidentes y como prima la guerra de las audiencias por encima de la calidad, si en una cadena tenemos La Voz en otra tendremos otro programa similar y así se escribe la historia.

Lo cierto es que no existen prácticamente programas de televisión serios sobre música. Habría muchas posibilidades, hablar del pop español con sus grupos míticos, o programas temáticos por géneros por ejemplo: sobre country, jazz o folk, por poner un ejemplo. Pero evidentemente, ¿A quien le interesa esto?, pues a nadie a la gente hay que darla carnaza sin importar su calidad hay que vender por encima de todo. Unicamente la televisión pública española, que en teoría no debe entrar en la guerra de audiencias y tiene la obligación de divulgar la cultura, ya que es la televisión de todos. Tiene en su programación algún espacio interesante dedicado a la música, como Cachitos de Hierro y Cromo programa documental presentado por Virginia Díaz con diferentes temática cada semana haciendo un repaso por la historia de la música más reciente. Otra iniciativa muy acertada que ha tenido Televisión Española ha sido la emisión de el programa This is Opera, con el que se pretende acercar la opera a todos los públicos Presentado por el barítono Ramón Gener. Este género nos puede gustar más o menos pero es una buena forma de darlo a conocer de una forma amena y sencilla.

Por lo tanto tan solo la televisión pública nos ofrece algunos programas con interés por divulgar la música y por tanto la cultura. Parece que a las televisiones privadas no les interesa lo más mínimo la música. Hace poco publicábamos una entrada titulada, Vuelven los buenos tiempo para la música española. En ella hablábamos de nuevos lanzamientos de grupos míticos de la música española como Los Secretos, Loquillo o Revolver entre otros muchos. ¿Habéis visto en algún plató de televisión alguna de estas bandas presentando sus trabajos?. La respuesta es que no, pero a cambio vemos todos los santos días del año a Belén Esteban, Kikos variados, herederos de Pantoja entre otros muchos hablando de temas de gran interés.

Pero todos estos programas están ahí porque tienen audiencia. Por lo que el problema no es de las televisiones sino de nosotros mismos que damos audiencia a todos estos personajes y personajillos variopintos. Por contra son muy pocos los programas musicales que tenemos en televisión. Los que tenéis ya cierta edad recordareis que cuando hace ya años que tan sólo existían dos cadenas si había presencia de este tipo de programas en televisión. Y es que hoy en día que contamos con tantos canales… ¿ nos hemos parado a analizar la calidad de los mismos? Está claro que la fórmula a mayor cantidad no quiere decir mayor calidad, sino creo que lo contrario.

La música es una constante radiofónica. La importancia de la música en la programación se ha desarrollado de acuerdo a la propia evolución del medio radiofónico. Gracias a la envergadura de la música en la radio privada local, el contenido musical fue la base de la programación radiofónica hasta finales de los años treinta y comienzos de los años cuarenta, momento en el que se produjo, en conjunto, un mayor desarrollo de la radio-espectáculo y la radio-información. Esta tendencia fue más notable en la programación de las cadenas norteamericanas, donde el contenido informativo experimentó un aumento del 41% seguido del 10% correspondiente al drama y las variedades. Sin embargo, la música popular permaneció como el principal elemento configurador de la programación de la radio local norteamericana hasta la aparición del formato musical en este ámbito, proceso cuyo origen hay que situar simultáneamente entre 1953 y 1956 en la KOWH de Omaha -Nebraska-, la KLFI de Dallas -Texas- y la WOKY de Milwaukee.

Con el desarrollo del modelo Top 40 surgió un nuevo modo de hacer radio, que tuvo una gran repercusión en la evolución de la programación. La música dejó de ser ser sólo un contenido para convertirse en un conjunto autónomo, propio de un nuevo concepto de radio. De la radio, para todos, se caminó hacia las "radios" para diferentes segmentos de público definidos según intereses comunes y características socio-demográficas concretas. Desde entonces, se habla de la radio y las "radios". La aparición del formato musical animó el desarrollo de la especialización al demostrar que el medio radiofónico puede especializar su mensaje en contenidos monotemáticos dirigidos a segmentos específicos de público, con el objetivo de ofrecer un producto radiofónico exclusivo.

El mercado norteamericano desarrolló con antelación el concepto de formato musical debido a la implantación generalizada de la televisión, a los nuevos modos y hábitos de escucha radiofónica (producidos por la incorporación de los avances tecnológicos en la producción, emisión y recepción de la programación radiofónica, en especial el disco y el transistor), a la aparición de la juventud como una categoría social específica, y al nacimiento del rock and roll. El Top 40 se especializó en las preferencias musicales e informativas de grupos específicos de público, principalmente el juvenil, y se distinguió de la radio tradicional por aportar novedades significativas en el ámbito de la programación y la promoción de la empresa radiofónica. 

En el ámbito de la programación, el Top 40 estableció dos de los conceptos propios del método de programación del formato musical: el "sonido de la hora" -también llamado fórmula- y el "sonido exclusivo" de emisión o "sintonía característica" de la emisora, conocido en otras "radios" como "sonido de la antena".

La fórmula es la manera en la que se organiza la combinación de contenidos musicales, informativos y de entretenimiento, para crear la unidad de programación del formato musical, que acostumbra a ser la hora. Este concepto se desarrolló tras establecer el sistema de repetición y rotación de los discos en función de la hora del reloj, en 1956. Asimismo, el Top 40 impuso un estilo peculiar en la producción y realización radiofónica, que permite al oyente concebir una "imagen sonora" de la emisora, que se identifica con la marca de la empresa radiofónica, con el propósito de ofrecer un producto radiofónico claramente identificable en el dial.

En el ámbito de la promoción, el Top 40 incorporó técnicas novedosas, que establecieron las bases del futuro marketing radiofónico. Entre ellas cabe destacar el uso generalizado del jingle [2] ; la realización de concursos con premios de gran atractivo; el patrocinio de diferentes eventos musicales, sociales o deportivos con el propósito de involucrar a la emisora en la vida ciudadana; así como el uso de los índices de audiencia para elaborar los lemas publicitarios de la emisora.

La radio no se entiende sin música. Desde su origen, el medio radiofónico pensó en el contenido musical para realizar sus transmisiones experimentales y configurar posteriormente su programación. La radio inició una relación con la música que a lo largo del siglo XX se ha tornado cada vez más estrecha. Si en un primer momento, las empresas radiodifusoras adaptaron acústicamente sus estudios para grandes orquestas, grupos de cámara, coros, conjuntos e intérpretes de música ligera, etc., con el consumo masivo del disco, la radio se decidió por la música grabada para enfrentar la crisis de audiencia y anunciantes provocada tras la llegada de la televisión. A partir de 1950, la radio emprendió un nuevo camino que le condujo hacia la especialización. 

El Top 40, cuyo principio de programación se resume en la emisión constante y repetida de la actualidad discográfica, fue el origen de la especialización radiofónica y la primera expresión de la radio de formato musical.

El nacimiento de la radio de formato musical, manifestación original de la nueva forma de hacer desarrollada en el ámbito radiofónico a mediados de los años cincuenta, provocó el paso de la radio tradicional a la radio moderna. A partir de este momento, primero en el mercado norteamericano y posteriormente en el resto de radiodifusiones desarrolladas, se generaron diferentes modelos de radio -con nuevas ideas de programación- producto del nuevo modo de entender lo radiofónico. Tal y como afirma Faus Belau, este proceso conllevó la ruptura del concepto unitario de radio. Este hecho y el desarrollo de la especialización radiofónica originaron la distinción básica entre radio generalista y radio especializada para diferenciar ambos planteamientos radiofónicos.

El presente trabajo propone una definición de radio musical, de la que deriva el formato musical, y determina los elementos fundamentales que continúan caracterizando el modo de programación de este tipo de radio. La exposición se estructura en tres apartados. Comienza con un repaso del origen de la especialización radiofónica, sigue con la distinción entre radio musical y radio de formato musical y finaliza con el establecimiento de los elementos fundamentales que definen el modo de programación del formato musical.

La radio de formato musical es un fenómeno que a finales de los años noventa, afecta a más de 10 mil emisoras en Estados Unidos -el 88% del número total de estaciones-, disfrutando de casi el 74% respecto del total de audiencia de radio. Asimismo, el formato musical es estrategia de programación prioritaria de la radio comercial europea, disponiendo de una notable aceptación entre los oyentes, donde en algunos países como España, Francia o Italia, su seguimiento alcanza entre el 34% y el 30% del total de audiencia radiofónica. Hasta el momento, la radio musical es la especialización radiofónica más extendida. La selección y organización de la fórmula junto con la construcción del relato radiofónico definen la programación de cada formato musical. Algunos programadores se refieren a esta actividad como un arte o como un prodigio de intuición, en la medida en que no existan estudios cualitativos de audiencia; otros, por el contrario, prefieren hablar de una técnica cuyo ejercicio requiere un dominio de la información sobre la audiencia, el comportamiento de la competencia y, finalmente, los recursos humanos y económicos disponibles en cada caso.

La fórmula del formato musical se crea en torno a cinco contenidos básicos -la especialización musical, la información horaria y meteorológica, los jingles e indicativos de emisión, la publicidad y los concursos- a los que el programador une otros espacios accesorios, determinados por la naturaleza del formato y las expectativas del público al que se dirige la emisora, con el objetivo de crear una hora de programación sobre la que se asienta el conjunto de este tipo de emisión radiofónica. Dentro del apartado de contenidos accesorios hay que considerar: la inclusión o exclusión de información de actualidad, musical, deportiva, sobre el tráfico, los asuntos de servicio público y los espacios de humor.

De los contenidos emitidos por este tipo de radio, la especialización musical es el elemento que en mayor medida contribuye a definir la fórmula. Cada formato se especializa en la difusión de uno o varios géneros musicales, que van desde las últimas tendencias generadas en el mercado discográfico hasta la música culta, excluyendo el resto de géneros, con el fin de satisfacer el gusto del público al que se dirige la emisora. Por lo tanto, la definición de la fórmula determina la selección discográfica que se incluye en su programación. A continuación se presenta un cuadro que recoge a modo de síntesis la especialización de los principales formatos musicales consolidados en el mercado norteamericano.






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